La danza del organista

Sea como fuere, tras oir el titular, BACH VERMUT, a las 9 de la mañana en la sala de espera de análisis de una clinica de Madrid, solo se me ocurrió que, ¿Qué mejor sitio para estar un sábado como hoy a las 12 de la mañana, que en el auditorio nacional?.

A la entrada, perdón, la entrada a 5 euros, ya me advirtió la taquillera que no incluía consumición, que lo que allí encontrara, que me lo pagaba aparte. A la entrada me ofrecieron catar un vino, en una mesita bien acompañada, de dos azafaifas,..y  pedí blanco sin excusas, y me atizaron un  “garnacha blanco” con lo que sea, agrio, como el chacolí, que no logró que perdiera las ganas de pasármelo bien, así que cambié a dos chupitos de Vermú de 1ª, a 1 €, y unas tapas mientras esperaba el aviso de entrar a la sala. Busque a Paz por si las moscas, pero no estaba.

Ubicación, centrada en el 2º anfiteatro, rodeada de melómanos, que me dejaban patente que estaba en el mejor sitio para escuchar tocar este estraordinario órgano, que no es el clítoris.

Salió el pornógrafo musical u organista, de negro riguroso informal, vamos, que no llevaba ni camisa ni pajarita.  Saludó y se marchó para arriba, a las entrañas del órgano. Se quitó la chaqueta, y se quedó en camiseta de mangas cortas, en negro sexi.  Se puso las gafas de señor interesante que le bordeaban un pelo cano bien cuidado.

Tomo el programa en la penumbra y leo: ESTEBAN LANDART. El mismo, inicia el concierto, Bach Mim Bwv 548  , yo no conocía la obra, ni la 547 tampoco ni la 546…,  2 Pantallas nos dejaban seguir en directo. Por un lado las manos. La mano izquierda lleva un anillo, que no le molesta en absoluto, lo cual lo hace aún más interesante. Es humano y vulnerable, comienza la pieza nervioso, tanto, que hasta yo lo noto, pero lo supera totalmente acoplado. Por otro lado, los pies. Un calzado muy elegante, no parece de diario, no obstante no es posible que fuera nuevo, dado con la soltura que los movia y deslizaba. Tenía que haberlos sentido y probado antes en los pies, su danza con bach era perfecta, la pieza parece un baile que ejecutara el organista. En el enlace de más arriba les ruego que observen los pies, verán a Bach en un día felíz, esa noche pilló con la mujer, al salir a la calle se encontró un ducado de oro, y al llegar a la iglesia le subieron el sueldo de organista. Así que empezó a bailar contento, sobre la pedalera del órgano, y al seguir con las manos a los pies musicalmente hablando, la obra le quedó así. (No se crean todo lo que lean en internet). Landart logró arrancarnos unos aplausos. Aún verían mejor la diferencia en como luego arrasta los pies en la siguiente obra,  una especie de canto muy popular en las iglesias alemanas Bach BWV 720,   Esto lo sé, porque dos alemanes se lo comentaban a un español al lado mio, una especie de “que viva españa”, según ellos que decían haberlo oido en mil versiones, muy bien tocado. La gente lo aplaudió con ganas.

La obra de Pablo Bruna no gustó. La aplaudieron, sí, pero yo no. El organista no tiene la culpa, soy yo, que tampoco la conocía. Con Max Reger  passacaglia me entró miedo en el cuerpo, LANDAR deslizaba los pies malignamente, por el pasillo de mi casa, y se acercaba a tocar en mi puerta, la sonoridad y potencia del organo subió, nos dejó respirar unos minutos y terminó del mismo modo causandonos una taquicardia. Aplauso intenso y largo. La última obra, de Julius Reubke sonata en do menor sobre el salmo 94  no sé qué decirles, tampoco la conocía, es muy larga,  hacia la  mitad casi doy una romántica cabezada, pero a veces estaba  camino de la isla de los muertos, otras acompañaba walkirias, otras me recordaba algún pasaje de películas, mientras el organista se desmadejaba una pierna pacá, otra payá, como haciendo esquí,  y tanto acariciaba al órgano que al final este nos orgasmeó. El aplauso fue unánime y largo para el organista Esteban Landart.

Descolgó las gafas y bajó sexi a saludar, y lo hicimos salir a saludar dos veces más. Hubo silbidos de júbilo entre los aplausos.

¿Dónde está Paz?A  la salida había cata de champán españolo, repetí un par de veces y me apreté una gilda y varios pinchos de reparto, al son de yaz Bach. De nuevo me pregunté ¿Donde rayos estaría mi amiga Paz?. Bach, los buenos pinchos y bebida chachi, es lo que le quitaría el sueño a cualquiera. ¿Dónde estar mejor sino este mismo sábado a las 12?

Conclusión: Las madrileñas no nos merecemos una sala tan explendida, ni un órgano tan bueno, pues dejamos 1/5 de la sala sin llenar.