conociendo a dios

No hay libro más oportuno y recomendable para creyentes y anti-creyentes que La naturaleza de los dioses de Marco Tulio Cicerón, todo un “sprint” con un toque de humor, de entrenamiento cerebral. Este autor le da un repaso a todos los filósofos hasta su época, fino fino mandarino, del que no se escapa ni los más grandes.  Y aunque su razonamiento sea la de un dialéctico, su verbo es tan afilado como una cuchilla de afeitar, cínico, y certero desmembrando creencias, como la lógica actual más pura. lennon-dylanNo se si este libro tuvo la culpa, de que Bob Dylan no fuera creyente en sus tiempos mozos,  o si fue el culpable de que se hiciera católico, cuando ya su cabeza era una sola y Nobel cana. Quizás ni lo leyó. Pero a este hombre, últimamente no hay quien no le meta una nota.  Así que una más, no va a ningún lado. El caso es, que mis sobrinas mismamente, con este tío me han creado un problema de rebeldía difícil de solucionar. Dios dios dios, ¡Pues no van y me dicen, que para qué estudiar!, si luego van y premian a este tío que fumaba porros, bebía hasta perder el sentido y que dejó los estudios a poco de empezar en la Universidad de Minnesota, y que ellas quieren hacer lo mismo. Yo les he dicho delante de su padre, que para la Universidad de Minnesota, que va a ser que no,  y que para las otras más de aquí, que pa ir pa ná, mejor no ir.

Como sabrán ya, de las miles de notas en estos días sobre Dylan, éste era bastante particular con su privacidad,  y poco bocazas delante de un micro, si no tenía una guitarra en la mano. Todo lo contrario que cualquier Beatles

JOHNBob Dylan creía que el coro de “I Want to Hold Your Hand” que dice “I Can’t Hide” (No puedo esconder) en realidad decía “I Get High” (Me pachequeo).  Vino y nos dijo: “Bueno muchachos, traigo muy buena yerba”. ¿Cómo podía caerte mal un tipo así? Creía que usábamos drogas. Fumamos y nos reímos toda la noche. Bob se la pasó contestando el teléfono con la frase “aquí está la Beatlemania al habla”. Era ridículo. No recuerdo muy bien de qué hablamos, Sólo estábamos ahí siendo rocanroleros, fumando marihuana, bebiendo vino y pasando un buen rato, algo surreal. Recuerdo un momento en que Dylan traía demos de sus canciones y nos puso algo y me decía: “Hey John, escucha la letra” y yo le dije: “¿La letra? ¿A quién le importa la letra? Estamos fuera de nosotros mismos y tenemos que poner atención a letras? ¡Escucha el ritmo! ¡Eso es todo!”.

Pues eso es todo. Quien supiera de él, es fiel a si mismo durante mucho mucho tiempo, mientras rascaba nuestras almas con su voz cazallosa, su guitarra y sus letras.  Fue como la nueva religión de occidente cuando las otras quedaron obsoletas. ¿Porqué se entrañan de que lo premien como persona que hizo el bien en general en todo el mundo?.  Es el literal del Nobel. ¿Svetlana Alexándrovna, periodista, única periodista con el Nobel, no fue igual ?, No era la mejor literata, entre cientos pero si la única periodista entre millones, que clamó conciencias. Cosa que nunca hizo un periodista, con el arma en su mano más templada de todas.  ¿No podrían dejar las plumas los periodistas, y mirarse la viga en sus ojos, antes de escribir algo sobre Dylan?. NO, no se pueden aguantar. Ni yo tampoco.

2 pensamientos en “conociendo a dios”

  1. Muy difícil y diverso nos lo pone para comentarlo. Por ir despachando con brevedad, le diré que para el negociado teológico es muy importante en mi caso el número, esto es: que si me lo pone en singular me interesa más bien poco… Es como el fútbol: ni me gusta, ni me disgusta, me produce una absoluta indiferencia.

    Si me lo pone en plural, ya me gusta más. Será porque soy más de obras corales, de historias de bolsilibro con sus pasiones primarias, traiciones, venganzas, etc…

    Algo parecido me pasa con los Nobel. Me dan igual, y más aún cuando la mayor parte de las veces -el de literatura- se lo dan a un pastor sordomudo afgano que escribe cartas rimadas según la más antigua tradición pastún… Es curioso lo cucos que son mis amigos, pues en la vida me han hablado de él, ni me han recomendado su lectura, pero en cuanto lo premian me descubren que lo conocían desde que autopublicó sus primeros manuscritos de infancia con lo ganado por la venta de dos cabras.

    Y no. Pues no lo sé. A Bob Dylan lo escucho con cierta frecuencia, pero no se hasta donde estudió o no. Creo que es de higiene conocer lo menos posible de los autores que a uno le gustan, pues puede llevarse un susto que influya a partir de entonces en su aprecio estético. No se si estudió, pero garrulo, lo que es garrulo, no se le ha visto nuca. Y leído si, desde luego. Y esto último es algo que también da mucha pereza hacerlo y se obvia con mucha frecuencia.

    ¿Realmente nos importa si Dylan estudió, que le hayan dado el Nobel, o que a Paco le parezca mal y a Manolo bien? Todo eso es subjetivo, y a mi me importa lo mismo que dios o el fútbol… El hecho objetivo es que le han ofrecido el Nobel de literatura, y que para que te lo den no hace falta estudiar (hasta el final y en un centro, que no otra cosa). Pero, a parte del Nobel, ¿cuanta pasta te dan? ¿cuánto de más vas a ganar a partir de ahora? Eso es lo que de verdad importa en sos casos, y lo demás son tonterias

  2. Me parece que la clave del barullo está en el prejuicio, de que no basta con hablar como jesucristo sino que hay que parecerlo, y sangrar y todo eso…., pero Bob actuó como un calavera, aunque nos cantaba, como Jesús.
    Muchos de los periodistas que lo han criticado, de 50 a 65 años, creen que un calavera no merece un Nobel, que tendría que terminar mal, o con suerte no bien…. en el fondo de sus notas está eso, y eso es insano.
    O, los que lo han ensalzado, también por la misma edad, no tienen en cuenta que era su lider o comunicador jipirrocanrolero, luego no son objetivos, porque o siguen encantados, o estan defraudados.
    Es obvio que en Bob ya no queda ninguna célula viva de aquellos entonces, es decir este Bob ya no es aquel Bob ni fisica ni mentalmente, ni estos son aquellos tiempos, y prentenderlo es tan insano como lo anterior.
    Tengo que darte la razón, cuanto menos conocido el Nobel mejor para los periodistas.
    Salud! Charles y gracias por tu nota

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